jueves, 5 de abril de 2012

Instrucciones para un mañana


Pasos a seguir la mañana del 11-11-11:
Al despertar dese vuelta a la derecha, apoye el pie derecho en el piso y después el izquierdo,  siéntese y levante lentamente los glúteos, diríjase hacía las persianas con paso firme, ábralas y deje que entre el sol. Después abra la ventana y  tome un poco de aire, aspire sintiendo que su pecho y vientre se llenan y lo invaden de esa energía renovadora. Exhale todo lo que le perturba. Siéntase en sincronía con la nueva Era. Repita los mantras aprendidos, prepare un poco de té, bébalo despacio absorbiendo su aroma y durante el resto del día sea feliz.
La noche anterior había leído las instrucciones Pasos a seguir la mañana del 11-11-11, pero al parecer todo lo entendió al revés y al levantarse giró a la izquierda; apoyó el pie izquierdo en el piso y después el derecho. Se levanto de un brinco, caminó torpemente y sin correr las persianas abrió la ventana. Inhaló todo lo que le perturbaba y se sintió como todos los días,  desfasado en medio de una mañana igual a todas; bebió una taza de café de un sorbo y se fumó un cigarrillo. Repitió algunas maldiciones y salió de la casa dispuesto a ser infeliz.
Después de un rato de caminar sobre la nieve recordó que el instructivo contenía un apartado que rezaba: Pasos a seguir en caso de que se levanté con el pie izquierdo, no deje entrar el sol y se llene de energía paralizante sintiéndose como una cucaracha después del fin del mundo, que maldice la hora en que se levantó con el pie izquierdo y abrió la ventana sin correr las persianas inhalando toda la negatividad del ambiente: al salir de su casa recapacite, regrese y vuelva a leer el instructivo; vaya de nuevo a la cama, duerma y al despertar no olvide seguir las instrucciones. En caso de cometer nuevamente el mismo error repita los pasos de este apartado las veces que sea necesario.
Entró a su casa y se dirigió al dormitorio siguiendo  las instrucciones. Se volvió a dormir y al despertar se levantó otra vez con el pie izquierdo. Sintió que había dormido medio día y no podría realizar las actividades de la mañana; sin embargo eran las siete, la misma hora en que se había levantado antes. Le pareció increíble y recordó que aquella noche apareció de la nada el cuadernillo rosa sobre la mesita de noche, con el título: Instrucciones para un mañana. Pasos a seguir la mañana del 11-11-11 y al final un garabato casi ilegible que parecía ser una firma, en donde se leía: El señor. Estaba seguro de que antes de dirigirse al baño para asearse e ir a  la cama, no había nada sobre la mesa; de cualquier forma le preguntaría a doña Petra si era suyo, aunque estaba decidido a seguir los pasos del instructivo. Cuando notó que había cometido el mismo error ya estaba cerca de la estación. Se había levantado con el pie izquierdo, no abrió las persianas y salió apresurado sin beber nada. Lanzaba maldiciones a causa del frío que calaba sus huesos. Regresó. Repetiría los pasos del apartado y entraría en sincronía con la nueva Era recitando los mantras aprendidos en el grupo meditación 11.11 para un mañana.
El Señor había editado los cuadernillos sólo para algunos elegidos, quienes esa mañana entrarían en sincronía con el Universo vibrando más alto y sintiéndose libres de ataduras. Aquellos quienes meses atrás habían comenzado a ver el número por todas partes y esperaban con ansiedad la fecha anunciada. Desde arriba observaba a ese hombre que no lograba seguir los pasos al pie de la letra.
Una y otra vez se levantaba y cometía los mismos errores. Volvía a leer el instructivo:   
Al despertar dese vuelta a la derecha, apoyé el pie derecho en el piso y después el izquierdo,  siéntese y levante lentamente los glúteos, diríjase hacía las persianas con paso firme, ábralas y deje que entre el sol. Después abra la ventana y  tome un poco de aire, aspire sintiendo que su pecho y vientre se llenan y lo invaden de esa energía renovadora. Exhale todo lo que le perturba. Siéntase en sincronía con la nueva era. Repita los mantras aprendidos, prepare un poco de té, bébalo despacio absorbiendo su aroma y durante el resto del día sea feliz.
Después de varios intentos fallidos se levantó con el pie derecho. Caminó con paso firme y se llenó de energía. Por fin habría conseguido la alineación añorada. Se sintió como un pavo real girando con sus plumas de colores desplegadas al sol (El señor sonreía al leer la metáfora del sol, pues a esa hora comenzaría una de las peores tormentas de nieve que tenía en sus registros).
*Reía a carcajadas al leer esta historia mientras el Ángel de la muerte repasaba en su lista el caso del helicóptero de un secretario de estado, que se desplomó a las 11:11 de la mañana cerca de la ciudad de México cayendo sobre otro de los elegidos para leer el instructivo.
La nieve pegaba con fuerza en su rostro, él se estremecía a causa del frío. Quiso regresar para  quedarse en casa, pero recordó con alegría que era el día esperado. A los pocos minutos sintió las orejas congeladas. Había olvidado protegerlas e intentaba calentarlas cubriéndolas con sus manos enguantadas, mas ya era inútil. La nariz le dolía, los dedos de sus pies comenzaban a entumirse, después de un rato no sintió las piernas; no podría seguir. Había salido de casa con optimismo -después de seguir con precisión las instrucciones- y olvidó prepararse como debía para enfrentar la tormenta anunciada.
Se encontraba a quince minutos de la estación y llevaba 45 minutos de camino. No podría seguir a pie, pero tampoco aparecía ningún taxi por ahí. Se acurrucó temblando debajo de un árbol, aun confiaba en que pronto entraría en sintonía con el cosmos; sin imaginar la inextricable encrucijada que lo había llevado hasta ahí.
*Ese sádico manipulador continuaba leyendo en voz alta al Ángel de la muerte el libro de cuentos con el que solía pasar sus ratos de ocio…
Ni el hombre en la nieve, el del helicóptero o el que murió aplastado por ese artefacto lograrían descifrar jamás los enigmas del mañana.

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